El 10 de Mayo de 1981, a mil kilómetros al sur de Santander, aparecieron tres cuerpos abrasados dentro de un Ford Fiesta, en un barranco de la carretera de Gérgal, Almeria. El informe de la Guardia Civil señalaba que eran "tres etarras, que habian intentado huir, responsables del asesinato del General Valenzuela", que habia sucedido un par de días antes.Incluso les ponían apellidos: eran "Mazusta, Bereciartúa, y Goyenechea Fradúa". Dia y medio después, tres familias en Santander eran requeridas para asistir a Almería. Eran las familias de un salmantino, Luis Montero Garcia; un santanderino, Luis Cobo Mier, y un emigrante del sur, de aquella misma Almería, en la que los tresiban a ser asesinados, y posteriormente quemados para borrar huellas, por fuerzas de la Guardia Civil, al mando de un psicópata: Castillo Quero. El coche en el que viajaban durante un largo fin de semana se averió en Alcázar de San Juan, en donde los tres viajeros preguntaron por coches de alquiler, para proseguir el viaje. La matrícula del Norte, y el acento de los viajeros, junto a la histeria creada por los medios, y tal vez la estulticia de los denunciantes, disfrazada de "colaboración ciudadana" llevó las sospechas hasta el cuartel de la Guardia Civil de esa localidad. La tragedia estaba en marcha. A las 21.05 de la tarde del día 8 de Mayo era detenidos y esposados en una tienda de Roquetas de Mar. Posteriores investigaciones demostraron que las comprobaciones previas hechas en Santander sobre el entorno familiar y las amistades de los tres cántabros por parte de las fuerzas policiales habían demostrado su identidad real. A la hora de la detención, por tanto, estaba claro quienes eran, que hacían en Almería, y su total inocencia. Salvo para Castillo Quero. Esa misma noche, la Guardia Civil había llamado al domicilio de la madre de Luis Cobo, Dolores Mier, asegurándola que "...a su hijo no le iba a pasar nada...". Y no iba a pasar nada porque ya desde Madrid se había remitido convenientemente telex a la Comandancia de la Guardia Civil con la identidad exacta de los detenidos. Pero allí estaba Castillo Quero. Día 10 de Mayo de 1981. 6.45 de la mañana.: "Los pescadores del Palmeral que iban a un campeonato en el río de Zújar, provincia de Granada, continuaron su ruta. Con el coche del Palmeral pasaron otros dos vehículos, que se dirigian al mismo punto.En total, trece personas, que de haber parado y socorrido, hubieran podido sofocar el incendio. El Ford Fiesta seguía a esa hora de la mañana, entre las siete menos cuarto y menos diez, ardiendo,con los tres jóvenes,Cobo,Mañas y Montero quemándose, mil kilómetros al sur..." El relato y las peripecias de cómo llegaron los familiares de los asesinados a saber en donde estaban sus cuerpos, y una vez sabido esto, poder acceder a ellos, es muy largo, porque las dificultades que se les pusieron, la saña y la estúpida maldad de los resposables directos y políticos de aquello era tambien muy prolongada. Tanto como para que, una vez caída la hipotesis oficial, se lanzase basura y se les acusase de...delincuentes. Hacia el 17 de Mayo, la santanderina Dolores Mier, madre de Luis Cobo, hace un llamamiento desgarrado en la Cadena Ser al ministro del Interior de la UCD en aquellos días, Rosón. Los oyentes quedan enmudecidos: "Yo quisiera saber, preguntar...preguntar al ministro...No veo, no veo...Preguntar al ministro, ya que dice que no han sido dichos individuos ni torturados ni recibieron malos tratos, me diga públicamente donde están los brazos y las piernas de mi hijo Jose Luis, para ir a buscarlos, porque son míos....que me hagan justicia...".
¿Pedir justicia? El 5 de Octubre de 1981 Dolores Cobo "se dirige a su Majestad", el Borbón. "Me dió el pronto, y me decidí a escribir al rey Juan Carlos", decía. En su petición escribía: "Por esto pido algo muy sencillo y justo, que públicamente se sepa como era mi hijo. Como los mataron, porqué los mataron, y quienes los mataron. Gracia que espero alcanzar de sus Majestades. Es de suponer que "su Majestad" estaría en aquellos momentos ocupado, tal vez con los flecos que el golpe no tan fracasado del 23 de Febrero había dejado y que podian ser peligrosos. ¿Tal vez cazando? Pues sí, tal vez. Pero lo mas seguro es que no lejos de buenas compañías. En cualquier caso, esas peticiones y esas minucias no podían importunar el curso de los graves asuntos de Estado que seguramente le agobiaban. Todas las fotos y textos citados o entrecomillados proceden del libro "El caso Almería", de Antonio Ramos Espejo, Editorial Argos Vergara, Segunda Edición, abril de 1982. |