CANTABRIA REPUBLICANA
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Filosofía
Materialismo
(continuación).
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Materialismo filosófico
que ya habría perdido su potencia en 1850, de hacer caso al anónimo autor del artículo «Intereses materiales», una vez que ese materialismo de cátedra, diríamos, habría quedado ya arrasado por el pragmatismo del materialismo político:

«No con igual imperio se entroniza el materialismo en la sociedad cuando de ella se apodera, ni se presenta en todas las épocas bajo formas análogas. Ha pasado ya, por fortuna, la desastrosa dominación del materialismo filosófico , o sea la negación del espíritu, excitando hoy tan solo la risa de los sabios y la indignación del mundo. Pero existe otro materialismo que pudiera llamarse político, no científico sino práctico, y es el achaque más común de que adolecen hoy los hombres de gobierno y que se deja entrever en las legislaciones modernas y los negocios de Estado. Este no niega el espíritu, sino prescinde de él con frecuencia; no entra en polémica de principios, la esquiva; no acomete a su adversario, le huye el cuerpo. Impórtanle poco los sistemas filosóficos; ninguno admite ni rechaza: es una especie de eclecticismo que a todo se acomoda, con tal que le dejen promover a su manera los intereses materiales, aunque sea a expensas de los grandes intereses religiosos, que juzga muy secundarios. Si el materialismo filosófico lleva de error en error hasta el ateísmo, el político arrastra irremisiblemente a la revolución, ardorosa fiebre que abrasa las entrañas de las modernas sociedades.» ( Intereses materiales , El Ancora, Barcelona, 1º de octubre de 1850, nº 274, páginas 2-3.)

En 1854 la Enciclopedia moderna publicada en Madrid por el editor Mellado no dedica artículo propio a la Idea de Materia, pero sí a un concepto preciso, la materia sacramental. El artículo Materialismo trata de algo que ya es pasado, de tiempos de Espinosa, Leucipo o Epicuro, merecedor de ironías y hasta de risas, al glosar las protuberancias de los frenólogos, advirtiendo sólo de pasada sobre las consecuencias de tal absurdo, que «disuelve los vínculos sociales, y desencadena las pasiones más brutales por un egoísmo desenfrenado. Si el materialismo no hace necesariamente malvados a los hombres, es al menos la justificación completa de todos los vicios y de todos los crímenes

Pero el desarrollo de las ciencias positivas era imparable, y no dejaban de aparecer quienes encontraban en las ciencias físicas la única conceptuación rigurosa de la materia. Particularmente entre la clase médica. En 1852, en La Unión Médica , órgano de la Academia Quirúrgica Matritense, el bachiller José Garrófalo y Sánchez se proclama materialista puro , y a finales de esa década, en 1859, el solemne discurso de apertura de las sesiones de la Real Academia de Medicina de Madrid, pronunciado por el doctor Pedro Mata Fontanet , desencadena un escándalo notable. El doctor Mata disertó sobre «Hipócrates y las escuelas hipocráticas» , y argumentó que se estaba asistiendo entonces a una tercera restauración de la medicina hipocrática, «en alas de una reacción política, empeñada en desenterrar todos los fósiles y en galvanizar todas las momias que sepultó en el panteón de los tiempos el siglo XVIII», como parte de un proceso más amplio: «Esa reacción funesta se ha dejado sentir, primero en el campo de la filosofía, y si hay quien, al abrigo de aquella, sueña en volver a los tiempos en que esa antorcha de la humanidad era la ancilla theologiae, no faltan otros que con más éxito la han convertido en la sierva de la política . Hecha la reacción en el campo filosófico, ha debido haberla por igual en el de las ciencias especiales; cuyas concepciones respectivas son siempre el genuino reflejo de las de aquel: ley fatal para la que no tiene fuero excepcional la medicina.» De manera que Pedro Mata, frente a esa reacción funesta, se propone defender precisamente el materialismo del padre Hipócrates , «cuyas obras rebosan de materialismo jonio». La feroz polémica y los abundantes escritos a favor y en contra duraron muchos meses.

Mientras otro médico, en Alemania, Lus Büchner (1824-1899), se consolidaba como el representante arquetípico del materialismo monista, cientificista y antifilosófico, que se iba a popularizar durante décadas en ambientes «progresistas». Su famoso libro Fuerza y materia. Estudios populares de historia y filosofía naturales (1855) alcanzó una difusión extraordinaria, conociendo varias ediciones en español, a partir de 1868.

En 1866 otro alemán, Federico Alberto Lange (1828-1875), publica ya el primer ensayo de reconstrucción de la supuesta evolución histórica de los sistemas filosóficos llamados materialistas , su famosa Historia del materialismo (editada en español en 1903, en traducción de Vicente Colorado, a partir de la versión francesa de la segunda edición alemana).

A finales de 1874 el hegeliano Antonio María Fabié Escudero (1832-1899) comienza a publicar, en la Revista Europea , una serie de diez artículos donde realiza un «Examen del materialismo moderno»

En 1890, a los pocos meses de su edición francesa, se publicó en español un Diccionario apologético de la Fe católica, dirigido por Juan Bautista Jaugey, que contiene un largo artículo dedicado al Materialismo , del que es autor Juan Miguel Alfredo Vacant (1852-1901), presbítero católico y catedrático en el Gran Seminario de Nancy, donde realiza una exposición y refutación, que busca ser sistemática, de las teorías materialistas que más les afectaban.

Urbano González Serrano (1848-1904), confuso entre krausismos y positivismos, es autor de los artículos Materia y Materialismo en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (tomo 12, Barcelona 1893), del que ofrecemos también las distintas entradas relacionadas, que contienen ejemplos del uso efectivo de esos términos en español.

Aprovechando la Exposición Universal de París de 1900 intentó la Francia su último gran intento globalizador: desde los servicios postales a los grandes ferrocarriles europeos, desde un idioma auxiliar universal a la unificación del Vocabulario filosófico (que André Lalande elaboró entre 1902 y 1923 y publicó en forma de libro en 1926). Los artículos materia, material y materialismo nos ofrecen un ejemplo de la candorosa ingenuidad con la que aquellos bondadosos franceses creyeron tranquilamente dejar resuelto de forma armónica cuanto se refiere a estos asuntos, incluso el materialismo histórico.

Uno de los diccionarios de filosofía más difundidos por todo el mundo durante el siglo XX es el que prepararon Mark Moisevich Rosental (1906-1975) y Pavel Iudin (1899-1968), cuya primera edición en ruso apareció en 1939 (Kratkii filosofskii slovar). En 1948 estaba editado en chino, en 1949 en inglés, en 1954 en hebreo, en 1955 en polaco y en rumano, &c. Las ediciones en lengua española ya están adaptadas a la filosofía oficial resultante del XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (17-31 octubre 1961). Este Diccionario filosófico dirigido por Rosental e Iudin se reeditó varias veces en español durante dos décadas: Montevideo 1965, Madrid 1975, La Habana 1981, Guantánamo 1985, &c. La lectura de los artículos materia, materialismo, materialismo de las ciencias naturales, materialismo dialéctico, materialismo económico, materialismo francés del siglo XVIII, materialismo histórico, materialismo vulgar, materialismo y empiriocriticismo permite acercarse a la ortodoxia que para muchos millones de hombres representó el diamat.

En 1971 se publicó en ruso el manual preparado para el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS por un grupo de autores dirigido por F.V. Konstantinov (Osnovy marksistsko-leninskoi filosofii). La versión en español alcanzó una amplia difusión: Fundamentos de filosofía marxista-leninista, y procede de la segunda edición rusa, que ya se ajustaba a las resoluciones del XXV Congreso del PCUS (24 febrero-5 marzo 1976)...