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Filosofía
Materialismo
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...No se crea que la Constitución de 1812 y la cristalización en España de la segunda generación de la izquierda, la liberal, tenían por qué afectar a los académicos, orgullosos en su papel de ortodoxos definidores de errores y de sectarios : la quinta edición de 1817, la sexta de 1822, la séptima de 1832, la octava de 1837, la novena de 1843 y la décima de 1852 repiten lo mismo. En la undécima edición, la de 1869, tras la gloriosa revolución, simplemente se atreven a suprimir los latinajos. Habrá que esperar a la duodécima edición, en 1884, para que el materialismo deje de ser un error (aunque materialista seguirá siendo sectario todavía un siglo más, hasta fecha tan cercana como 1984, en que los académicos, vigésima edición de su obra, dejen de hacerle profeso y seguidor de una secta, o secuaz, fanático e intransigente de un partido o de una idea), ajena por supuesto la Academia a la riqueza de diferencias y matices que mientras tanto se habían ido acumulando tras esos términos:

« Materialismo. (De material .) m. Doctrina de algunos filósofos antiguos y modernos que consiste en admitir como única substancia la materia, negando, en su consecuencia, la espiritualidad y la inmortalidad del alma humana, así como la causa primera y las leyes metafísicas.
Materialista. adj. Dícese del sectario del materialismo. Ú. t. c. s.» (DRAE 1884)

Ni que decir tiene que los académicos de la Española, en cuanto cuerpo responsable del famoso Diccionario, prefirieron no enterarse a lo largo de todo el siglo XIX de las riquísimas irisaciones que iban afectando a cuanto tenía que ver con materialistas y materialismos, como si en estos asuntos la última palabra se hubiera dicho en tiempos de Feijoo, es decir, antes de que el Antiguo Régimen comenzara a derrumbarse para dar lugar a las Naciones políticas cristianas, al tiempo que avanzaban en su cierre categorial nuevas disciplinas científicas. En los años en los que escribe Feijoo no podía barruntarse la cercana ruptura de la secular alianza entre el Trono y el Altar, por lo que la escala de preocupación por el pernicioso efecto de materialistas y materialismos quedaba limitada al terreno teórico del Altar: almas, espíritus, ateísmos. Pero tras la Revolución, materialistas y filósofos quedan implicados necesariamente en el proceso destructor del equilibrio político anterior. Recordemos simplemente, como ejemplo, las premisas que animaban en 1812 al capuchino Rafael de Vélez :

«De esta ley común, que se extiende a todo racional, parece deberán eximirse ciertos hombres, que por lo raro se han notado en casi todos los siglos, y que en el nuestro por su excesivo número se pueden ya calificar. Ellos mismos se atribuyen con Pitágoras el título de filósofos , por el amor que dicen tienen a las ciencias, o por sus deseos de hallar la verdad: se llaman espíritus fuertes ; porque no se dejan llevar de las preocupaciones que degradan en su opinión a los demás hombres: se dicen liberales , porque con facilidad renuncian a sus opiniones antiguas, y siguen otras nuevas de mayor ilustración. Ellos se jactan de ser superiores a todos los de su especie: su patria es todo el mundo: sus compatricios todos los hombres, hasta los hotentotes y cafres; se apellidan y titulan verdaderos cosmopolitas.
En toda la Europa son conocidos con los nombres de iluminados, materialistas, ateos, incrédulos, libertinos, francmasones, impíos . Sus doctrinas contra los reyes, autoridades y religión acreditan estos títulos, y sus obras los manifiestan a lo menos como unos fanáticos, unos misántropos, enemigos de toda sociedad.» (Fray Rafael de Vélez, Preservativo contra la irreligión o los planes de la Filosofía , Cádiz 1812, Prólogo. )

A principios de 1838 aparece Movimiento de la naturaleza, por D. Ramón Bercial (Imprenta de Miguel de Burgos, Madrid 1838, 8º, 140 págs.), que se anuncia en el Diario de Avisos. La Gaceta de Madrid no tarda en publicar, en primera página ( el viernes 13 de abril de 1838 ) y reclamando «poner un coto a esa desenfrenada libertad de imprenta» que puede transformar una revolución política en revolución social al «atacar los fundamentos de la moral pública, de la religión de nuestra patria y de la creencia universal del género humano», una impugnación de tal folleto, «en el cual se preconiza y se cree haber demostrado el sistema del materialismo más puro »:

«Es imposible saber sin sorpresa y espanto, que se ha publicado en Madrid en el año 1838 un folleto, intitulado Movimiento de la naturaleza, en el cual se preconiza y se cree haber demostrado el sistema del materialismo más puro . El estilo es hinchado y declamatorio, como el del impío e infame libro que se publicó en Francia a mediados del siglo XVIII con el título de Sisteme de la natura. El autor del folleto procura persuadir en el prólogo, que ha debido a su propia observación las doctrinas que vierte; pero ningún lector instruido lo creerá, observando que no ha hecho otra cosa sino reproducir los argumentos de Lucrecio y de Espinosa, sin el talento del primero, sin la lógica del segundo: y aun dudamos que los haya visto en estas fuentes venenosas, sino en alguna miserable rapsodia de tantas como produjo la monstruosa revolución de Francia.» ( Gaceta de Madrid, Madrid, viernes 13 de abril de 1838.)

Y el Obispo de Coria, Ramón Montero, en una exposición dirigida a la Reina Gobernadora con fecha 15 de agosto de 1838, de cualquier modo más preocupado por el activismo en España de la Sociedad Bíblica y su agente Jorgito Borrow, no deja de paso de prohibir tal librito impugnado por la Gaceta :

«Esto es lo más horroroso de decirse, y está repetido en el Sistema de la naturaleza o de las leyes del mundo físico y moral por el Barón de Holbach, con notas y correcciones por Diderot, y es el mismo que se ha publicado y anunciado en el Diario de Avisos con el título de Movimiento de la naturaleza, y que con mucha satisfacción he visto impugnado por los Editores de la Gaceta. Es el sistema de un materialista, y basta para conocer los delirios y errores que contiene; esta es una muestra: "Los tiranos y los Ministros de la Religión se han servido del error para esclavizar a los hombres, y al error consagrado por la Religión deben atribuirse la ignorancia y la incertidumbre de sus deberes, y de las verdades más positivas en que el hombre se encuentra. No hay Dios, y la naturaleza es eterna; todo está arreglado por el movimiento, ni el hombre es libre."» ( La voz de la religión, época segunda, tomo IV, Madrid 1838, pág. 141.)

A partir de 1840 constatamos que en español comienza a utilizarse la fórmula materialismo filosófico. Así, por ejemplo, en el anuncio publicado por El Constitucional de Barcelona el sábado 26 de febrero de 1842, no se vincula el materialismo a discusiones espirituales, físicas o metafísicas, sino que se le asocia a una ideología política determinada, que imbuye a los jóvenes máximas perniciosas de materialismo filosófico, de republicanismo y anarquía :

« Compendio de los principios, o Elementos de legislación universal, por don Plácido María Orodea. Los maestros públicos y los catedráticos de las universidades han deseado con la mayor inquietud y ansiedad que la abundancia desordenada de las doctrinas mal coordinadas que presenta la obra del autor francés, se redujese a un método más lógico y claro y se despojase de aquella algarabia de erudición, de pruebas y amplificaciones oratorias tan distantes a veces de la exactitud filosófica como de la sencillez y de la verdad. Por otra parte, el texto original tiene grandes errores de moral, de política, de economia, de administración pública y de gobierno municipal, y en lugar de enseñar los buenos principios de la legislación universal, imbuye a los jóvenes máximas perniciosas de materialismo filosófico , de republicanismo y anarquía, como que ha recogido todas las doctrinas del siglo XVIII que dominaron en Francia. El presente 'compendio' ha corregido todos los errores y presenta los 'principios de la legislación universal' con la sencillez, claridad y buen método que recomiendan la sana crítica y la buena filosofía. Se vende a veinte reales en la librería de Saurí, calle Ancha, esquina al Regomi.» ( El Constitucional, Barcelona, 26 febrero 1842, página 6, col. 3.)

Y poco después el liberal Nicomedes-Pastor Díaz y Corbelle (1811-1863), en su opúsculo A la corte y a los partidos (1846), establece diferencias entre un materialismo filosófico y otro materialismo político :

«Por eso los pueblos no comprenden ningún poder sin una grande idea moral. Por eso las revoluciones no las hacen los hombres, sino las doctrinas. Por eso las religiones más absurdas han durado más que los poderosos imperios. Por eso los individuos que cambian la suerte de las Naciones, representan un pensamiento y una necesidad moral. Por eso César y Mahoma, Cromwell y Bonaparte, fundaron imperios: por eso Lutero, Rousseau y Mirabeau hicieron revoluciones. Por eso las revoluciones crearon poderes: por eso fundaron legitimidades las dictaduras; por eso en fin, el materialismo político es todavía más ignorante, más insuficiente que el materialismo filosófico .» (Nicomedes-Pastor Díaz, A la corte y a los partidos, 1846)

Materialismo filosófico que el mismo autor presenta tan aberrante como el socialismo político, en sus conferencias del Ateneo de Madrid dedicadas a Los problemas del socialismo (1848):

«Dios permitió a la vista de los pueblos, como a la de los ejércitos, que Roma sobria, pobre y religiosa, triunfara del mundo; y que el Imperio romano, abrumado con todas las riquezas del universo, fuera presa de un puñado de bárbaros. Dios permitió que seis falanges griegas anonadaran en una campaña los ejércitos innumerables del Rey de Reyes. Dios permitió que el potentísimo Imperio de los visigodos se hundiera en el Guadalete, bajo el alfanje de los rústicos y escasos secuaces de Tarik, y que pocos millares de montañeses cántabros arrojaran a las arenas de África el fastuoso poderío de los Califas del Guadalquivir. Dios permitió que quinientos soldados de Castilla conquistaran un Imperio de muchos millones de habitantes. Dios ha permitido, en fin, que una nación de treinta y dos millones de almas, fortísima y opulenta, haya estado a punto de hundirse y desaparecer en la barbarie, al día siguiente de una revolución política, por no poder gastar en dar sustento durante un mes a doscientos mil obreros; la mitad de lo que costó cualquiera de las catedrales que levantó la piedad religiosa en los tiempos bárbaros.
Por último, Señores; Dios permite que el socialismo político haya llegado al mismo punto que el materialismo filosófico , para decir al uno: '¡no tienes porvenir!...' o para decir al otro: '¡no tienes remedio!
'» (Nicomedes-Pastor Díaz, Los problemas del socialismo, 1848, Lección VI, III.)