La bomba contra los sindicalistas de Brescia —seis muertos, un centenar de heridos— es una respuesta fascista a dos sucesos políticos: la imagen unitaria de Portugal y el estimulo a una unión da la Izquierda promovida y alentada por el resultado del referéndum del divorcio en el país. El mensaje del grupo responsable, Año Cero-Orden Negro, contiene el grupo de ideas absolutamente típico de estos casos: - La peor canalla comunista se infiltra por todas partes, minando el Estado y el orden público, consiguiendo infiltrar sus cerdos incluso en lea filas de la policía y de la magistratura, y en puestos de responsabilidad,..-. -Nosotros, herederos del pasado glorioso, nacidos hombros, decididos a no morir esclavos, teniendo razones válidas para creer que todas las acciones dirigidas sobre las pistas negras no son más quo hábiles movimientos de la peor canalla comunista, al servido de la cual están los peores delincuentes comunes, unidos a la policía y los jueces, para desacreditar la unida parte sana de un pueblo, hemos decidido ocupar su puesto para proteger nuestra Italia fascista y corporativa, la Italia de César y del último de los cesares-. El último de los cesares: Mussolini . Hay otro grupo fascista clandestino, las Squadre d'Azione Mussolini: el jueves fueron detenidos algunos de sus miembros y se les ocupó una considerable cantidad de explosivos. Su intención era colocarlos debajo de la tribuna del Presidente de la República y hacerle volar por los aires, y el explosivo era suficiente como para haberse llevado al Gobierno entero.
Sin embargo, desde hace algún tiempo, entre la magistratura Italiana y la policía comenzó a cundir la sorpresa de que el terrorismo y la violencia proceden de los fascistas, distinto del tipo de actos Ilegales de los grupúsculos de la Izquierda , cuyo sello podría ser el del secuestro del juez Sossa y la organización de huelgas salvajes y otro tipo de manifestaciones. El anarquista Valpreda, acusado de los atentados terroristas de Milán en 1969, ha sido exonerado de las culpas, y las Investigaciones se dirigen hacia los grupos fascistas: no tan «neos» como para no encontrar en ellos algunos dirigentes o comprometidos con el fascismo de Mussolini, sobre todo el de los últimos tiempos — la República de Saló—. Estas son las pistas negras a las que alude en su comunicado el Orden Negro, y estos son los magistrados y policías a los que acusan de comunistas. Las pistas negras tienden sobre todo a conectar estos grupos de acción con el partido legal y con la persona de Almirante: y el levantamiento de la inmunidad parlamentaria de Almirante para quo pueda ser interrogado y, si llega el caso, detenido. Cerca de cuatrocientas explosiones y atentados de esta índole podrían ser atribuidos al fascismo desde el año 1968. Un cierto número de estos atentados ha sucedido en la provincia de Brescia, y las investigaciones se habían detenido especialmente alli. En los últimos meses habían sido detenidos en Brescia algunos jóvenes portadores da explosivos, en autos o en bicicletas; el 19 de mayo, un joven fascista había muerto al estallarle, por accidente, los explosivos que transportaba en su moto Vespa. En su entierro fueron detenidos otros jóvenes sospechosos, a los que se encontraron armas, y por sus interrogatorios y registros se pudo llegar a la detención de algunas personas más. Para protestar contra el terrorismo y la violencia en la vida diaria, se había convocado una manifestación de sindicalistas en la plaza Della Loggia. de Brescia. Y el 28 de mayo, cuando la plaza estaba ya llena de manifestantes, explotó una carga explosiva en una papelera pública. Fue ésta la que ha ocasionado los seis muertos y cien heridos. Hay ya, al parecer, un sospechoso detenido: el médico Walter Moretti, de veintinueve años, en cuya vivienda fueron encontrados explosivos. Moretti era militante fascista y escribía artículos de gran violencia en una revista cuyo ideario político era el de la República fascista de Saló. Ha sido trasladado a la prisión de Modena, para evitar que fuera linchado por la multitud. Porque la respuesta a estos actos de violencia ha sido la violencia, aunque esta vez sin sangre: agresiones a edificios, peleas callejeras. Entre estas agresiones a edificios, dos particularmente perseguidos por loa contraterroristas: las sedes del MSI y de la Democracia Cristiana. Los dos aliados de la derecha en la campaña divorcista, el gran desastre de Fanfani. Busca ahora rápidamente el Gobierno desembarazarse de esta alianza, y asi, el ministro del Interior, hablando en la Asamblea , ya no ha sostenido la tesis del terrorismo «venga de donde venga», sino que ha acusado de modo manifiesto y concretamente a la extrema derecho. El ministro Taviani ha dicho: « Que nadie se haga ilusiones. El fascismo ha muerto para siempre el veinticinco do abril de mil novecientos cuarenta y cinco. Nuestro compromiso frente a los cuerpos destrozados de las victimas es el mismo que hemos asumido hace treinta años frente a nuestros muertos de las guerras, de la resistencia: el compromiso para la defensa y la consolidación a toda costa de la libertad y de la democracia del pueblo italiano ». Menos precisos han estado loa demócratas cristianos hablando por la voz del Jefe de su minoría parlamentaria. Piccoli, para quien los numerosos atentados de estos últimos tiempos están aún «rodeados de misterio», y se producen en un medio —Brescia— donde se cultiva el atentado» y los autores de esta última matanza «no son todavía conocidos».
La posición político de la democracia cristiana tiene una intención: la de mantener que el extremo rojo es tan agresivo y tan fuera de la ley como el extremo negro, con objeto de que el partido socialista, con el que forma todavía la coalición gubernamental —tan herido, sin embargo, desde el referéndum—, no sienta el impulso de aliarse con los comunistas, como lo ha hecho en Portugal y en Francia. Impulso que cada día se hace más fuerte, en parte por las ganancias electorales que supondría esta alianza, en parte por miedo al fascismo, que crece. Pero, en realidad, el miedo también forma una barrera. Muchos dirigentes socialistas temen que la alianza con el partido comunista producirla inmediatamente una «situación chilena», quizá antes incluso de que se pudiese gobernar. La sospecha del golpe de Estado es ya antigua en Italia, y para muchos, estos atentados fascistas no son más que advertencias o amenazas de algo mas imponente. Núcleos visibles de una conspiración quo tendría ayuda de los grandes industriales —como el fascismo original—, de algunos grupos de las Fuerzas Armadas y de la policía, y de países o grupos extranjeros, entro los cuales el que más veces se cita es Grecia, por su vecindad y por la posibilidad de quo esté enviando armas e instructores. Mes allá, naturalmente, está el nombre eternamente pronunciado de la CIA , representante del miedo de los Estados Unidos de que Italia llegase a convertirse en un país de frente popular capaz de desprenderse de la OTAN y llegar al neutralismo. Todos estos temas están ahora a flor de piel en Italia. Portugal y Francia han alzado de nuevo la antigua posibilidad de la alianza de Izquierdas, el referéndum del divorcio ha dado cuenta do cuál seria su fuerza electoral. El golpe de Brescia, la matanza de Brescia, tiene el carácter de una advertencia. Pero a veces las advertencias se pasan de la raya en su castigo y provocan una reacción contraría a la que esperaban. La efervescencia en Italia es enorme en estos días. |